El pasado mes de septiembre realicé un viaje a Cuba acompañado de mi familia y un matrimonio amigo, él también pescador, y programamos con más de cuatro meses de antelación cuatro días de pesca en Cayo Paredón y otros dos en la Ciénaga de Zapata, en concreto Las salinas de Brito y el río Hatiguanico, ya en la vertiente caribeña.

Tras algunos días haciendo turismo por Las Habana, Holguín y Guardalavaca, por fin llego nuestro periplo a Cayo Coco, base de pesca para Cayo Paredón del 8 al 11 de septiembre.  A la hora concertada nos recogieron en el lobby del hotel con un pequeño vehículo, alquilado por otro cliente con quien compartíamos el desplazamiento, y tras algo más de una hora de coche por un camino digamos “difícil” llegamos al embarcadero.

He de confesar que a pesar de haber contado con los consejos de Carlos Cortez, así como de algunos patrones de atado de Pablo Calvo y Nicolás de La Vega, que me confirieron confianza para afrontar las jornadas de pesca que había concertado, las dudas sobre el éxito estos días de pesca pesaron sobre mis hombros,…. y, en esa hora de trayecto en coche, mil dudas recorrieron mi cabeza.

Día soleado y brisa suave, que nos hizo ser optimistas, y tras las presentaciones nos asignaron embarcación y guía, Rolando, un señor algo “grueso” y cercano a los sesenta años, pero que parecía saber lo que se hacía. La embarcación sencilla, no especialmente preparada para la pesca a mosca, aunque la impaciencia y la ilusión hicieron que estas cosas parecieran irrelevantes, así que junto a mi compañero de pesca y buen amigo Txema Juliá, subimos los equipos y abandonamos el embarcadero. Mientras avanzábamos buscando el primer punto de pesca, recordaba el artículo de VaCa y los “20 crudos diálogos con un guía de SW”, y, dado que no me considero ni de lejos un gran lanzador, imaginaba los comentarios que me iban a llover por fallar las posturas…., en fin, había que pasar el test.

Por fin llegó el momento y, situado en la proa, tras avistar un grupo de bonefish, tras un primer lance no muy bueno, en el segundo intento logré mi primer bone. Tras esta captura me relevó en la proa mi compañero de pesca, con la idea de ir alternando las capturas. El guía ya impulsando la embarcación con una “rama” gruesa, que además servía para fijar la popa en el embarcadero hincándola en el fondo fangoso, tras avanzar unos metros, avisa “ahí delante tenéis otro grupo,….. ¿dónde?,…..¡allí, delante!.....”, la opción se perdió, pues se echaron encima huyendo hacia el manglar, tras lo cual le dijimos que nos indicara la posición “horaria” y a ser posible la distancia para poder localizarlos con antelación suficiente. Pasados unos minutos en nuestra popa avistamos un barracuda y como teníamos armada una caña del 10 para esta contingencia, por no cambiar de caña mi amigo Txema, le hice yo la presentación de la mosca, tomándola con violencia, y tras una carrera de más de 50 metros y un par de saltos cortó el bajo de acero de 30 lbs. Según el guía tenía sobre 20 libras, pero eso nunca lo sabremos. A partir de ese momento fuimos a varios spots sin avistar ni bonefish, ni permits…., la explicación del guía simple, hubo luna llena la noche anterior y la marea estaba alta, por lo que nuestras presas estaban en el interior de los manglares y debíamos esperar a que bajara la marea para que migraran hacia los flats, situación que se produciría, teóricamente, por la tarde. El día discurrió sin ninguna captura más, y lo que fue más decepcionante, sin opciones de ello.

El segundo día, la marea estaba en idénticas circunstancias, por lo que nos propuso ir a la parte de los manglares expuestas al mar abierto, a la busca de permits, , a lo que accedimos de buen grado. Tras más de tres horas de búsqueda, incluida rotura del cable de dirección de la embarcación con vuelta al embarcadero guiando el motor manualmente y cambio de embarcación, solo en una ocasión avisté una pareja de permits a la que no tuvimos opciones de presentarle la mosca pues, cuando el guía logró verlos, ya era tarde  para situar la embarcación y tener opciones reales, desplazándose más rápidos de lo que Rolando era capaz de desplazar la embarcación con la percha.

Tras la decepción de cómo había discurrido la mañana, Rolando nos comenta que lo ideal es buscar zonas de roca que conoce, y buscar pargos, cuberas y jacks, hasta que la marea bajara. No hace falta decir que el resto de mañana y principio de tarde discurrió con numerosas pequeñas capturas hasta que llegó el momento de ir a buscar los bonefish y permits que eran el objetivo real en su salida del manglar. Nos desplazamos a un gran flats que recorrimos vadeando, sin que avistáramos permit o bonefish alguno, invadiéndonos el desánimo.

El tercer día opté por ir con mis hijos a practicar snorquel, mientras Txema salía con su mujer nuevamente con Rolando y, esta vez ya picado el guía en su orgullo, imagino, los llevó a una zona alejada donde solía haber mucha actividad, pero este día fue no fue diferente a los otros dos, la explicación la misma….la marea y la luna.

Así que llegó el último día de Cayo Paredón, sin mi compañero de pesca dado que se levantado con fiebre, por lo que me acompañó su mujer, que pesca a spinning. La luna ya no era la misma, pero muy parecida, pero el horario de marea se había desfasado respecto a los otros días. Fuera por esta razón o, por voluntad de la fortuna, el día comenzó muy diferente, dado que a los veinte minutos de pesca ya habíamos subimos a la embarcación más de nueve bonefish, alguno que pasaba las 8 libras, y, además tuve la posibilidad de  presentarle un Calvo Crab a un permit, que tras acercarse a verlo, cuando pensaba que tomaba la mosca, giró y se desapareció…, y perdí mi opción de iniciar mi particular casillero con los permits. Tras esto, nos adentrándonos en el manglar (aún no sé porque esto no lo hicimos los días anteriores), y pronto divisamos una silueta que venía hacia nosotros que el guía interpretó como barracuda, pero cuando estaba ya encima, vimos que era un tarpón, el primero que veíamos en cuatro días,…. por supuesto sin opción de nada. De igual manera, posteriormente vimos un grupo que salía también del manglar y que el guía identificó como yacks, pero que nuevamente, cuando estuvieron cerca resultó que eran permits de no más de 3 o 4 libras, sin que tuviera posibilidad de reacción…, en una hora sólo pude presentarles a tres bonefish la mosca obteniendo dos capturas. El resto del día no fue demasiado fructífero, con tres bonefish más, pero sin divisar ya permit alguno.

He de confesar, que para mi sorpresa, en los cuatro días, no conseguí que me indicaran, cuando avistaba el guía primero, que no era siempre, una orientación y distancia donde presentar la mosca, ni como debíamos mover la misma, ni un consejo sobre la mosca a utilizar…. Soy consciente que un guía no es un instructor de pesca, pero creo que es muy importante que transmita confianza y seguridad al pescador, aunque sea a base de “frases provocadoras”, como nos relataba VaCa,

Dejamos atrás los Cayos del norte de la isla, desplazándonos hacia Playa Larga, ya en la Península de Zapata, desde donde partirían nuestros otros dos días guiados. Esta vez nuestros guías eran Julio, un persona de mediana edad, dicharachero y que era reconocido por varios concursos de lance y pesca a mosca, que fue quien me guió, e Ildefonso, con más edad, sobrio y pero que trasmitía templanza con la mirada, que acompañaría a Txema, ya algo repuesto de su fiebre. En las Salinas de Brito, dentro del Parque Nacional, nos comentaron que no se permitían embarcaciones a motor, por lo que desde el propio embarcadero, que estaba a más de una hora de caminos maltrechos que se inundaban con las mareas, de mucho menor intensidad que en el Atlántico, partimos en pequeñas embarcaciones perchando desde el principio.

Una vez en la zona de pesca Julio, mi guía me explicó que pescaríamos a pez visto, moscas pequeñas, de manera que, nervioso pero muy esperanzado empecé la jornada de pesca. Al poco rato llevábamos ya más de media docena de capturas todas a pez visto y contemplando con perseguían y tomaban la mosca, haciendo la jornada muy entretenida. No fue difícil clavar más de 20 bonefish y no fueron más por falta de precisión en la presentación y movimientos erróneos de la mosca ya presentada por parte mía, y está vez sí que tenía “la regañina” positiva del guía.

El lugar es paradisiaco y perfecto para el bonefish, pero el único fallo, por poner alguno al interior de las Salinas de Brito, es que muy rara vez son frecuentadas por permits o tarpones, quedando éstos por la parte de los manglares expuestas a mar abierto y fuera del alcance de estas pequeñas embarcaciones.

Nuestro último día de pesca fue en el curso del río Hatiguanico, lo que suponía 90 km de carretera y luego navegar por el río casi una hora más. El entorno del río es completamente selvático e impresionante, ensanchándose según avanzamos hacia se desembocadura. El nivel del agua estaba alto debido a las lluvias de los días anteriores, por lo que había mucha corriente, circunstancia que nos dificultó la pesca, pues para buscar los snook y tarpones hubiéramos necesitado líneas de hundimiento rápido, y no las que llevábamos. Aún así el día de pesca fue fructífero, con pocas capturas pero buenas, un gran snook, un jack de al menos 5 libras y algunas picadas fallidas de tarpones, que al contrario de lo esperado, eran de más de 40 libras, cuando lo previsto eran que fueran babes, no llevando cañas de más del 10 para este menester.

Mi conclusión es obvia, antes de un viaje de pesca hay que saber programarlo, eligiendo, si es posible, las fechas adecuadas en función del objetivo de pesca, la luna, que no creo tan trascendente, y las mareas adecuadas, que visto lo sucedido considero indispensable, y contar, no sé si decir con la fortuna, de estar con un guía con ganas e ilusión por su trabajo, que además de conocedor de su oficio, sienta pasión por la pesca a mosca, y que procure sacar lo mejor de cada uno de nosotros, hacer que crezcamos como pescadores, aunque solo sea por satisfacción propia.

 Al final todo aprendizaje supone pagar un peaje, y supongo que este viaje forma parte del camino que hay que recorrer para un día poder recoger los frutos deseados, pero….¿qué hay más emocionante que recorrer este camino?

Saludos a todos, prometo volver a intentarlo.