Jorge Trucco es uno de los mayores nombres de la pesca con mosca en Argentina. Su historia personal y su trayectoria profesional están íntimamente ligadas a los grandes hitos de la pesca en la Patagonia.
Es un gusto para nosotros poder compartir con ustedes la entrevista completa a este pionero de renombre internacional.


FD: ¿Cómo comenzó tu camino como pescador?

Nací en la ciudad de Buenos Aires, y ahí viví toda mi infancia y juventud. Siempre me atrajo el misterio del agua. Pescar era para mí como un encuentro con un ser de otro mundo y eso me resultaba muy atractivo. Mi padre no era pescador y por más que pidiera que me lleve a pescar eso en pocas oportunidades pasó, y dado que él tampoco tenía ningún conocimiento de pesca poco era lo que podía enseñarme.

Mi padre murió en un accidente automovilístico a la edad de 40 años, yo tenía 10. Eso fue un golpe tremendo para mí que me provocó una tristeza y una angustia que duró mucho tiempo. Aún hoy me angustio cuando recuerdo ese momento.

Mi tío Carlos Donadeu sí era pescador y a partir de la muerte de mi padre empezó a llevarme a pescar seguido en la costa marina próxima a la zona de Mar del Plata. Él no era un pescador de mosca pero conocía mucho sobre pesca de agua salada y tenía buenos equipos. Conocía muchos nudos de pesca e incluso cómo hacer una caña de pescar desde cero.

Él me enseñó todo eso y esos fueron mis primeros pasos. Yo tenía mucha facilidad para aprender a hacer nudos, hacer cañas, lanzar, buscar peces, pescar… Ese verano del 62 salíamos casi todos los días con mi tío Carlos a pescar en todos los lugares que podíamos en esa zona.

Los años siguientes yo seguí por mi cuenta, me iba a pescar en bicicleta a los lugares a donde podía llegar. Poco tiempo después empecé a ir al puerto de Mar del Plata y le pedía a los lancheros que me llevaran a pescar a alta mar. Las lanchas, bajo los estándares actuales, no parecían muy seguras y no llevábamos salvavidas, pero yo no conocía otra cosa y el mar me apasionaba. Eso me permitió pescar de todo, corvinas, pescadillas, meros, besugos, palometas, rayas, y hasta tiburones grandes para lo cual ya tenía equipos armados.

Ese tipo de experiencias siguieron sucediéndose en Punta del Este, Uruguay, de donde salía a pescar seguido con Rula Firpo, padre de Francisco Firpo que era compañero mío de colegio. En esa época yo tenía 15 años.


FD: ¿Cuando llegó la pesca con mosca (y cómo) a tu vida?

Un tiempo después descubrí la existencia de la pesca con mosca y eso atrajo mi atención. Empecé a frecuentar librerías en las que podía encontrar literatura (libros y revistas) sobre pesca con mosca. Toda esa literatura estaba en inglés y era en su mayoría proveniente de los EEUU. Casualmente yo entendía inglés, lo hablaba fluidamente, lo escribía y lo leía.

Me crié hablando en inglés en casa ya que mi madre enseñaba inglés y me hablaba en inglés todo el tiempo y también tenía una institutriz inglesa que no hablaba castellano, Miss Mary Hopkins, con quien hablaba todo el tiempo todos los días. Eso fue así por muchos años, probablemente hasta la muerte de mi padre cuando yo tenía 10 años. Pero ya entonces tenía el idioma inglés totalmente incorporado igual que el castellano.

Saber y entender inglés me abrió las puertas para acceder a toda esa información sobre pesca con mosca que con esfuerzo iba encontrando en librerías de Buenos Aires. Poco a poco me fui equipando con elementos de pesca con mosca. Ya estaba en la universidad cuando empecé a ir a la Patagonia primero a esquiar en invierno y luego a pescar en verano y otoño.

Empecé a prestar atención a la gente que vivía en lugares como Bariloche y San Martín de los Andes. A los dueños de hosterías. Con ellos hablaba frecuentemente. Me impresionaba el estilo de vida que tenían. Los envidiaba. Ellos estaban en el lugar en el mundo en el que yo quería estar y, por lo que me contaban, vivían bien, eran felices. Eso contrastaba con el estilo de vida que yo llevaba en Buenos Aires, yendo a la universidad de noche y trabajando en el departamento financiero de Sasetru S.A. durante el día.

Recuerdo que los primeros viajes al sur a pescar los hice con Rula Firpo (otra vez él) quien ya era un pescador de mosca. A Rula le gustaba la zona de Esquel. Parábamos en la hostería Quimé Quipán y salíamos a pescar en la lancha de Julio Ozust unas veces y de Raúl San Martín otras veces. Pescábamos todos los ríos y lagos de la zona.

Simultáneamente también iba a la zona de Junín de los Andes y quizás esto requiera más explicación. En mis ansias de conocer gente que supiera algo de pesca con mosca un día, a principios de los 70, en un negocio de pesca llamado El Biguá, en Buenos Aires, me enteré que había unos aficionados a la pesca con mosca que se juntaban en el parque de Palermo, frente a Obras Sanitarias, todos los sábados por la mañana. El sábado siguiente fui y efectivamente me encontré con un grupo pequeño de mosqueros que estaban practicando fly casting sobre el pasto.

Ahí conocí a quienes fueron mis mentores (además de Rula Firpo), el Bebe Anchorena y Jorge Donovan. También estaban otros como Charles Radziwill y Eliseo Fernández que después fueron, junto a Tito Hossmann , considerados los “maestros” de la pesca con mosca por la recién iniciada Asociación Argentina de Pesca con Mosca.

A partir de ese día todos los sábados por la mañana seguí yendo a Palermo en donde fui conociendo a varios más, Sapo Donovan, Jorge Pando, Raúl Peralta Ramos, Matías Ramos Mejía, Marcelo Calviello, Aníbal y Roberto Sacconi, Alberto Madeja, Carlos Lauritsen, Julio y Joaquín Rocca Rivarola, el Mono Villa, Fernando Menéndez Behety, Aurelio De La Pina, Diego Guglielmi, Juan José Campagnola, Dionisio Angel, un señor muy activo de apellido Tabanelli (no recuerdo su nombre de pila), Alberto McLean, Goyo Salinas, Beto Texier, Héctor Leoni, Coco Lombardini , Ginés Gomariz, el "Negro" Becerra y me debo estar olvidando de algunos otros. Tiempo más tarde aparecieron nombres como Marcelo Morales, Jorge Echavarría, Jorge Cardillo y otros que ahora no me vienen a la memoria.

Algunos de estos aficionados a la pesca con mosca solían ir a Junín de los Andes y pescar los ríos de la zona:
Chimehuín, Malleo, Quilquihue, Caleufu, Meliquina, Filo Hua Hum, Traful, Collón Curá, Aluminé, Quillén y otros. La boca del Río Chimehuín era el lugar sagrado, el lugar donde salían los monstruos.

Esos fueron mis inicios. Lo que nunca me imaginé es el hecho de que en un futuro yo iba a estar viviendo en esa área, en San Martín de los Andes.

Pasaron varios años y ya por 1978 yo empecé a tener discusiones en la empresa en la que trabajaba. Estando en el departamento financiero y siendo el que trataba con los bancos por líneas de crédito, préstamos, garantías, prefinanciación de exportaciones, swaps, etc., empecé a no sentirme cómodo con cosas que pasaban. Presentía una inminente situación crítica financiera. Yo no estaba de acuerdo con la política financiera que llevaba a cabo la empresa y siendo consciente del riesgo en el que la empresa se estaba metiendo, también me empezaba a preocupar mi situación personal dado que yo era la cara visible de la empresa con los bancos. Por lo que en un escenario de eventual quiebra no sólo me quedaría sin trabajo sino que también mi reputación iba a estar en riesgo.

En ese estado de ánimo fue que emprendí un nuevo viaje a la Patagonia con mi mujer Vicky y mi hija María de 8 meses.
Durante el viaje le expliqué a Vicky que la situación de la empresa me preocupaba y que yo me quería ir. Le mencioné la idea de tener una hostería en San Martín de los Andes, lo cual en ese momento parecía una cosa totalmente utópica.

Nos quedamos en Junín de los Andes en lo de Fidel Mendaña y todos los días iba a pescar a algún río con Jorge Donovan (quien era mi socio en el primer fly-shop que hubo en la Argentina, pretenciosamente llamado “Fly Fishing Enterprise”).

Un día, al volver de pescar, Vicky me dio una lista de tres hoteles en venta en San Martín de los Andes. Resulta que por su propia iniciativa fue a San Martín de los Andes y averiguó en inmobiliarias qué hoteles u hosterías estaban en venta. Estaba sorprendido. Lo que en un momento pensé como una utopía ahora se tornaba en una realidad a la que me tenía que enfrentar.

Al día siguiente fuimos a San Martín y visitamos los tres hoteles en venta. En ese momento el que más se acomodaba a mis posibilidades era el Residencial Cumelén (más tarde rebautizado Hostería Cumelén). Se lo mostré a Jorge Donovan y le pareció bien. Él conocía la situación de la empresa donde yo trabajaba, yo le había compartido mis preocupaciones, y me alentó a que lo comprara. Es así que hice una contraoferta y los dueños aceptaron. Así fue que de la noche a la mañana mi vida cambió. Pasé de ser un ejecutivo del departamento financiero de una empresa líder a dueño de una hostería en la Patagonia. Me costaba creerlo. Era el mes de abril de 1979 y la compra se concretó. Renuncié a mi puesto en la empresa y me aboqué a acondicionar la hostería para la temporada invernal de ski.

Recuerdo que la primera noche que pasé en la hostería después de la compra hubo un temblor. Fue tal el susto que me pegué pensando que mi flamante compra se podía derrumbar por un terremoto. El temblor pasó y al otro día me fui a lo de Olsen, a la Hostería San Huberto (que hacía poco que se había construido no como un lodge de pesca sino como una hostería para cazadores de ciervos que venían de Europa, por eso la llamaron "San Huberto") a contarles a Carlos y a Carmen sobre mi decisión y mi nueva adquisición.

Todo era felicidad, me acuerdo que era un martes y me fui a pescar solo a un pool cerca de la hostería llamado “El Manzano”. Me acuerdo la sensación de libertad que tuve al pararme a la orilla del medio del pool, con las botas en el agua, mirando el agua correr y escuchando el sonido del río. Me dije “ahora tendría que estar en el departamento financiero atendiendo teléfonos y discutiendo con bancos sobre tasas de interés, plazos, garantías, etc., y no acá”. No podía creer lo que me estaba pasando.

Las cosas salieron bien, el hotel funcionó a pleno en la temporada de invierno, y pronto nos acostumbramos a esa nueva vida. Dos años después, en 1981, pasó lo que yo temía que pase, la empresa en donde yo trabajaba efectivamente quebró, y por las razones que yo pensaba. Pero yo ya no tenía nada que ver con la empresa. Ya mi vida era otra.


FD: ¿En qué momento consideraste que la pesca con mosca podría convertirse en un trabajo de tiempo completo?

Ya estando en San Martín de los Andes, en forma espontánea o casual empecé a tener pedidos de gente de EEUU que querían venir a pescar. Generalmente los llamaban al Bebe Anchorena o a Jorge Donovan y ellos los referían a mí. Mel Krieger, a quien ya conocía de la Hostería Chimehuín, empezó también a mandarme gente. Mel fue mi primer agente (su agencia se llamaba Club Pacific).

Al principio tomé esto como un trabajo aparte, no de tiempo completo.

En 1983 recibí el llamado de Susy Fitzgerald, dueña de Frontiers (EEUU) y a partir de ahí cambió todo. Susy empezó a mandarme clientes y ahí empecé a sentir que la pesca con mosca se podía convertir en un trabajo de tiempo completo.


FD: ¿Qué nos podés contar de la época en la que prácticamente no había operaciones de pesca en la Patagonia norte?

Era una época muy distinta. La cultura de la pesca era distinta. El concepto de pescar con mosca era diferente. Se menospreciaban ríos como el Collón Cura, el Malleo, el Aluminé y otros. La pesca "en serio" era ir por truchas de 4 kilos para arriba. Las de 18 o 20 pulgadas no contaban. Por eso casi la totalidad de los pescadores (que no eran tantos en ese entonces) usaban equipos pesados, líneas sinking y streamers. Los lugares más visitados eran las bocas del Chimehuín y del Correntoso, el Río Traful por sus salmones y grandes marrones, pools específicos en el Río Chimehuín, la "bajada de los chilenos" en el Lago Currhué (había salmones y fontinalis), la boca del Quilquihue y no mucho más en la zona de Junín. Los que iban a club Norysur pescaban la zona de Meliquina y Caleufú también, pero no era parte de mi programa. Visité bastante la zona de Esquel en el Parque Nacional Los Alerces, la zona de Cholila y el Río Futaleufú. Lamenté mucho la construcción de la represa de Futaleufú, destruyó ríos, lagos y valles. En mi opinión, un desastre.


FD: ¿Como es el profesional de la pesca en Argentina, en general y comparado con el profesional de pesca en Estados Unidos u otro país?

Si tomo en cuenta los guías de la zona de San Martín y Junín de los Andes, hoy están en un pié de igualdad con los norteamericanos. En las décadas de los 80 y 90 yo tuve que traer guías de Estados Unidos porque acá no había suficientes guías. Tuve la fortuna de poder traer los mejores guías norteamericanos y al mezclarlos con los guías locales que también trabajaban con nosotros, los locales aprendían de los norteamericanos. Eso creó una cultura específica en la zona. La presencia de guías americanos perduró durante prácticamente 20 años y fue muy bueno porque se instaló acá una cultura y un conocimiento de muy alto nivel. Eso se mantiene hoy. Los guías de Patagonia Norte y Centro son de muy alto nivel en cualquier lugar del mundo. Habiendo estado también en Río Gallegos y Tierra del Fuego considero que el nivel de guías en el sur de la Patagonia también es excelente.


FD: ¿Qué es ser guía de pesca?

Siempre sentí que un guía es aquél que puede ejercer esa transformación mágica en sus clientes que les permite sobresalir ... aquél que puede sacar lo mejor de ellos: su talento, sus habilidades, su confianza, su conocimiento, su destreza, su experiencia…, que incluso puede llevarlos a un estado de convicción que les permite hacer cosas que piensan que nunca serían capaces de hacer. Un guía tiene que hacer que su cliente maximice su potencial real, transmitiéndole la profunda convicción de que puede alcanzar lo inalcanzable… de que puede pescar el pez imposible.

Su misión es la de transportarlos de un estado de común normalidad a uno nuevo de un mayor nivel de excelencia... que incluso puede llevarlos a ese esquivo estado de perfección que la misma naturaleza humana está eternamente tratando de encontrar.

El guía es el líder intrépido, el profesor, incluso el maestro. Es quien tiene ese "toque" especial, la intuición, el conocimiento y la magia. Todas esas cosas que ellos sienten que les faltan, o tienen de menos, y que necesitan desesperadamente para alcanzar ese estado de mayor perfección que los gratifica tan inmensamente.

Es el vehículo que puede llevarlos a lo que ellos conciben como la forma más absoluta de éxtasis. Incluso es la herramienta que los llevará de la vulgaridad al heroísmo. Un guía siempre está al mando y en control. Es el jefe. Lo necesitan en lo que quizás sea la aventura de sus vidas, y están dispuestos a cederle ese rol, el rol especial que le permite decirles qué hacer.

Cuando un guía guía, está guiando a un cliente, no a su jefe ni a su empleador. Es un simple intercambio de valores: el guía presta un servicio valioso, el cliente paga. Una guía ofrece conocimientos valiosos, experiencia, información, habilidad, instrucción, tiempo valioso, ahorro de tiempo de prueba y error, equipo de pesca, etc., junto con muchos otros valores. Estos valores forman parte de su integridad como guía. Si el cliente entiende y reconoce estos valores que le ofrece su guía, estará dispuesto a tomarlos y pagar por ellos, punto.

Como el capitán en su barco, un verdadero guía siempre está al mando. Un verdadero guía siempre está a cargo, ya sea que las cosas vayan bien o mal... Un verdadero guía experimentado nunca deja que el cliente esté a cargo. Si no puede estar a cargo, no puede ser un guía. Eso es fundamental, porque un guía guía. Y guiar significa liderar. Es autoexplicativo. Y luego de más de cuatro décadas de ser guía y outfitter, de capacitar a otros guías, de haber compartido todo tipo de momentos con cientos de guías de pesca en las más diversas aguas del planeta, y de haber contratado a decenas de guías para trabajar para mi organización, realmente creo que la razón principal por la que un guía se convierte en guía es el hecho de que ama la pesca más que cualquier otra cosa en la vida.


FD: ¿Tenés algunos momentos guardados sobre tus pescas con Jorge Donovan, el Bebe Anchorena y los próceres de la pesca con mosca en Argentina?

Sí, y muchos. No sabría cuál elegir para describir. Con el Bebe iba a la boca del Chimehuín, en especial después que terminó la construcción de su casa a orillas del río, yo solía quedarme a dormir en su cuarto de huéspedes (el "cuarto amarillo") para así poder salir a la madrugada y en 10 minutos estar en la boca.

Me acuerdo cuando lo acompañaba al Bebe al lugar aguas abajo del puente donde hay un tronco hundido. Allí solía el Bebe patinar skating spiders (atadas por Ed Shenk) y movía truchas marrones enormes que en muchos casos le erraban a la mosca.

Una vez, por el año 75 más o menos, mientras él patinaba las spider yo me fui a los "Bushes" y tiré una Argentine blonde. Me tomó un monstruo que me tuvo como una hora. Yo lo llamaba al Bebe para que venga a verme pero el viento hacía que no me pudiera oír. A las 10 de la noche todavía tenía la trucha prendida y cuando ya la tenía cansada y a punto de sacarla se le salió la mosca y se fue. La depresión me duró un tiempo. El Bebe ya se había ido al auto y me estaba esperando. Nunca se enteró.

Con el Bebe iba a pescar con mosca seca a lo de Larminat en la parte superior de la isla de los chivos tirando hacia los sauces. Eso él lo hacía muy seguido y yo hoy lo sigo haciendo.

El Bebe y Jorge Donovan tenían la costumbre de ir a pescar con mosca seca al Quilquihue entrando por la parte inferior (tranquera de Larminat, de la que el Bebe tenía llave). Al Bebe lo vi sacar varias truchas de 5 kilos en la parte superior de la boca, y a pesar de que él consideraba que pescar con sinking era hacer "trampa" una vez lo vi sacar una de 5 kilos con un shooting.

También íbamos con el Bebe y Jorge al Malleo por lo de Andino Grahn. Pescábamos cerca de la isla de los chivos (la del Malleo, y ciertamente, había chivos de verdad en esa isla en esa época), el medidor y la desembocadura del Mamuil Malal. Con Jorge Donovan fui muchas veces a laguna Huaca Mamuil porque había fontinalis y las pescábamos con mosca seca, y al atardecer seguíamos hasta el Lago Tromen donde, desde la costa, cerca de la desembocadura de un arroyo, también pescábamos fontinalis con mosca seca, pero éstas sí que eran grandes.

Con Jorge pesqué muchas veces acá y en EE.UU. No recuerdo anécdotas particularmente especiales salvo quizás una vez cuando Jorge, parado sobre la piedra de los once, con una caña 6 de bambú, un reel Hardy y una línea floating clavó una marrón de aproximadamente 5 kilos, la sacó y la devolvió. No teníamos máquina de fotos.

A Charles Radziwill lo vi pescar muchas veces. Lo vi sacar por lo menos dos veces truchas de entre 4 y seis kilos en el run y en el pool chato, y no era proclive a devolverlas (el catch & release todavía no se había instalado como hoy).

Recuerdo que Charles fue el que me enseñó a hacer el nudo del clavo sin el clavo, eso fue en la Hostería Chimehuín, no me olvido más. Charles era un tipo interesantísimo, sabía de todo, y era muy gracioso. Con su acento particular era un gran contador de chistes.

Con Eliseo Fernández pesqué muchas veces. Era una máquina de sacar pescados. No estuve ahí cuando sacó la de 9 kilos en 1975, pero lo vi sacar una arcoiris de 7 kilos unos años después.

Con Billy Pate pesqué muchas veces y lo habré visto 5 o 6 veces sacar truchas de arriba de 5 kilos, siempre pescando del otro lado (la piedra de Billy Pate). También pesqué con otros "expertos" de la boca como Pedro Guisasola y Chiche Aracena. Yo, personalmente, saqué muchas truchas buenas en la boca. Los primeros años de mi vida en San Martín iba a la boca todas las tardes. Pero mi trucha más grande (en la zona) la saqué en el Río Traful (Horse Shoe pool, el 6 de enero de 1980: 7 kilos).

Recuerdo una anécdota con el Bebe Anchorena. En la década del 70 la comercialización de Jungle Cock estaba prohibida internacionalmente. El Bebe daba cualquier cosa por conseguir un cape de Jungle Cock porque quería usar las plumas para atar moscas de salmón. Un día en el año 78 por casualidad yo caminaba por la calle Suipacha y en una vidriera vi un vestido de mujer que tenía un prendedor que tenía una pluma que parecía de Junge Cock. Entré y le pregunté al hombre que atendía (que resultó ser el dueño del local) qué era esa pluma y de dónde la había sacado. Me dijo que era un tipo de faisán pero que ya no se usaba. Le pregunté si tenía un cuero con esas plumas. Fue al sótano y volvió con tres cueros, dos de faisán y uno de Jungle Cock completo y en perfecto estado (él creía que eran todos faisanes). Le expliqué que yo ataba moscas y que me vendrían bien los cueros. Entonces me los ofreció al precio de 5 dólares cada uno. Compré los tres y me los llevé a casa. Le conté al Bebe lo que pasó y se quería morir (es un decir). No podía creer lo que me había pasado.

Pasó el tiempo y llegué a la conclusión de que como realmente yo no usaba esas plumas para nada porque en esa época no ataba moscas de salmón (muchos años más tarde sí) decidí regalarle todo el cuero completo de Jungle Cock al Bebe. Él realmente no lo podía creer. Al tiempo me regaló una caña Orvis Madison de bambú en estado impecable y seis moscas para salmón que ató para mí con ese Jungle Cock (cada mosca venía con un cartelito que describía el modelo de mosca que era) para que yo las pruebe en el Traful.

Bueno, la caña la usé muchas veces y hoy sigo teniéndola en perfecto estado pero las moscas nunca las usé. Las hice enmarcar por un amigo (Oscar Falcioni) y las puse en un cuadro con sus respectivos nombres. Hoy tengo ese mismo cuadro colgado en una pared de mi casa con las seis moscas atadas con Jungle Cock por el Bebe Anchorena.


FD: También has pescado con grandes figuras internacionales de la historia de este deporte, como Lefty Kreh, los Wulff, Mel Krieger, Ernie Schwiebert, Billy Pate... ¿Qué lecciones e historias te han dejado aquellos gigantes?

Yo también lo agregaría a Art Lee, y a Don Williams (guía personal de Joe Brooks en Montana). Como guía, del que más aprendí fue de Don Williams que vino por primera vez en 1980 y era una máquina de sacar pescados. Él fue el que por primera vez trajo la wooly bugger, nosotros no la conocíamos. Una tarde sacó seis truchas marrones en la boca, la más chica era de 10 libras. Era tremendamente efectivo y muy versátil, pescaba con seca, ninfa, hopper, streamer, floating shooting, todo. Tenía un fly-shop en Livingston, Montana. El Bebe lo miraba y me decía que le recordaba mucho a Joe Brooks, tenía la misma manera de pescar.

A Don Williams lo guié durante los 4 o 5 años que vino, en casi todos los ríos de la zona, incluyendo el Lago Curruhué en donde sacó salmones y fontinalis. Tenía una capacidad fenomenal de lectura de agua como excelente guía profesional que era. Sacaba truchas grandes en todas partes y pescamos todos los ríos, incluyendo el Meliquina en donde se hizo una "fiesta" pescando los pockets. Don Williams verdaderamente me cambió la cabeza. Don Williams no era escritor, quizás por eso no fue famoso como otros, pero fue uno de los pescadores más completos, eficientes y efectivos que he visto. No por nada era el guía personal de Joe Brooks en Montana.

Art Lee vino por primera vez en 1985 y lo guié 5 o 6 años seguidos. Era un perfeccionista de la mosca seca y un eximio escritor, y le encantaba pescar el Malleo superior. De él aprendí cosas que Don Williams no solía hacer tanto (aunque creo que Art probablemente no era tan versátil como Don Williams). Art usaba líderes de 20 pies de largo y pescaba unas "no-hackles" que él llamaba "Usual" atadas con dubbing de "snow-shoe rabbit". Él "veía" pescados en los lugares más insospechados. Él veía cosas que los otros no veíamos. Se quedaba quieto mirando, sin hacer nada, y de golpe "veía" un leve movimiento de agua (ni siquiera un "rise") y hacía un cast, y se le prendía una trucha grande. Un fenómeno. También aprendí mucho de él porque pasé mucho tiempo guiándolo.

A Lefty Kreh lo guié cuando vino en 1991, en el Malleo, Chimehuín, Collon Cura y Aluminé. Para ese entonces yo ya era muy experimentado como guía. Lefty me introdujo a la clouser minnow que yo no conocía. Lo que yo extraje de Lefty fue la manera de castear, pero eso fue bastante antes.

En 1978 Jorge Donovan lo conoció en un cónclave en EEUU (yo no fui esa vez) y lo filmó todo el día mientras Lefty daba demostraciones de casting. A la vuelta Jorge me mostró las fllmaciones y me convenció de que yo tenía que calcarle el estilo de casting. Íbamos a Palermo y me filmaba a mí. Después en nuestro shop (Fly Fishing Enterprise) comparábamos las filmaciones e íbamos corrigiendo. Hasta que lo pude replicar en forma idéntica o muy parecida. Al año siguiente, 1979, lo conocí personalmente a Lefty Kreh en un Cónclave de la FFF que se celebró en Steamboat Springs. Observarlo a él no hizo más que reforzar lo que ya sabía. Cuando lo guié en 1991 y me vio castear se sorprendió y me preguntó por qué tenía ese estilo tan parecido al suyo, y le conté toda la historia. A él le mostré como hacíamos el splice del shooting con el running line usando pegatanza. Nunca lo había visto y se quedó impresionado. Le di todos los elementos para hacerlo y se lo presentó a Umpqua par ver si lo querían adoptar. Al tiempo recibí una carta de él diciendo que por alguna razón Umpqua no quiso adoptar el sistema de splice nuestro, no sabía por qué. Antes de irse me dejó un libro escrito por él con una dedicatoria y una mosca (deceiver) pegada arriba de la dedicatoria. Todavía lo tengo. A Lefty lo seguí viendo seguido en el Fly Tackle Dealers Show en Denver durante muchos años. Lo último que compartí con Lefty fue la filmación del documental de Joe Brooks en el que ambos aparecemos. Y fue lo último, porque poco tiempo después murió.

A los Wulff los fui a visitar a su casa en Roscoe, en el estado de New York en 1985. Llamé para anunciar mi vista y me recibieron muy cordialmente. Fui con Art Lee que vivía cerca. Llegamos a eso de las 10 de la mañana y nos fuimos a la noche tarde. Nos pasamos todo el día probando cañas (Lee Wulff en ese momento estaba probando cañas cortas, de 6 pies más o menos, tratando de demostrar que con cañas cortas se podía pescar ciertos ríos aún mejor que con cañas de 9 pies). También estaban empezando con las líneas Triangular Taper (que patentaron y se siguen vendiendo). Lee estaba haciendo unas moscas moldeadas tipo stonefly, a la que le agregaba hackle y otras cosas. (Usé esas moscas en una filmación con John Barett y Art Lee, y hoy me arrepiento porque no me quedó ninguna). Lee Wulff murió al poco tiempo en un accidente de avión, pero a Joan Wulff la seguí viendo durante muchos años en otros cónclaves y ferias del Fly Tackle Dealers Show.

A Mel Krieger lo conocí en 1978 en la hostería Chimehuín, estaba con otros dos americanos Phil Miravalle y Ed Rice. Empezamos a hablar de cañas. Yo todavía amaba las cañas de bambú pero él ya estaba más allá del grafito hablando de cañas de boron. Al año siguiente fui a EEUU con Jorge Donovan y después de todo un periplo fui a la casa de Mel y me quedé varios días, no recuerdo si fue una semana o más. Me llevó al Golden Gate Fishing Club y a Squaw Valley que era un centro de ski en donde daba sus clinics durante el verano. Ahí colaboré con él durante el clinic e hice muchas filmaciones. Vi como se dirigía al público de principiantes y cómo les enseñaba. Ahí aprendí cómo era enseñar. Luego de ese día volví a estar con Mel en numerosos clinics y en realidad aprendí a enseñar, lo cual me vino bien. (En 1993 obtuve el certificado de instructor de casting dado por la FFF).

Recuerdo una anécdota con Mel. Sería más o menos el año 83 y yo llegaba a la boca en mi vehículo. Cuando me bajé lo vi a Mel que venía caminando desde el puente. Estrechamos un abrazo y nos pusimos a charlar al lado del río. A medida que hablaba Mel, en forma inconsciente, hacía casts hacia el medio del pool chato con un hopper y una línea floating. Me decía que él prefería dedicar tiempo a la mosca seca y que por eso nunca había sacado una marrón grande típica de la boca. Al tiempo que dijo eso se le prendió una marrón grande que tomó el hopper. La peleó como media hora hasta que yo la metí en mi red. Tendría 4 o 5 kilos. Metí la mano en el bolsillo de su chaleco, tomé su máquina de fotos, le saqué dos o tres fotos sosteniendo el pescado y puse la máquina de vuelta en su chaleco. Inmediatamente Mel devolvió la trucha marrón en perfectas condiciones. Al tiempo (unos meses) me llegó la revista Fly Fisherman con la foto que le saqué a Mel sosteniendo la trucha marrón en la tapa de la revista. Me puse muy contento cuando la vi. Mel, junto con Jorge Donovan, fue el que me inspiró en el catch & release. Fue verdaderamente el que trajo la idea y el que me hizo luchar para conseguirlo. Después de varios intentos fallidos pude conseguir el primer río catch & release. El Malleo Superior en 1985.

A Ernie Schwiebert lo admiraba por los libros que escribía y por lo que sabía sobre ninfas, moscas, cañas de bambú, etc, etc. Ernie sabía todo. No me acuerdo bien cómo fue que nos conocimos pero recuerdo haber compartido numerosos almuerzos con él en el restorán Piscis en San Martín de los Andes y muchos gratos momentos en el Traful en Arroyo Verde y en el Malleo en San Huberto. Con Ernie mantenía una comunicación bastante fluida a través de cartas mutuas.

Recuerdo en el año 2004 cuando yo estaba asociado con Marcelo Calviello en una fábrica de cañas de bambú nativo argentino decidí participar en el One Fly con una de esas cañas y le pedí su opinión. Ernie la tenía muy clara. Él sabía que la caña tenía que ser de acción rápida dado que en el One Fly uno pesca mayormente desde el bote por lo cual, a los efectos de la eficiencia, es necesario tratar de disminuir la cantidad de falsos casts todo lo que sea posible, tratando de pescar principalmente con la técnica de levante y tendido y haciendo reach. Yo ya había ganado el One Fly en 1999 y sabía eso muy bien. Ernie era consciente de que el bambú es inherentemente más lento que el grafito por lo que para que la caña sea rápida no debía ser larga sino corta. Él sugirió una caña de 8 pies para línea 6 con la acción más rápida posible. Entonces Marcelo Calviello diseñó una caña de 8 pies realmente muy rápida y para alivianarla le hizo la sección inferior ("butt section") hueca. A mí el peso de la caña no me importaba mucho, y el largo tampoco, porque podía tirar lejos igual con cualquier caña. Lo que me interesaba era que fuera rápida para poder realizar el levante y tendido lo mejor posible. Y Marcelo hizo una caña realmente rápida. Mi primer día en ese One Fly (sábado) me tocó un sector que mucho no me gustaba y la mosca que elegí no anduvo bien. Mi pesca fue pobre, bien por debajo de mi promedio, pero saqué algunas truchas chicas, y no perdí la mosca, lo cual me sumó 25 puntos. Al día siguiente (domingo) me tocó mi trecho preferido en el South Fork superior y fui guiado por Sue Talbot, nada menos. Sue Talbot era una guía extraordinaria y famosa, pocas veces vi algo igual.

El río venía turbio y sucio pero Sue hizo que ese día fuera el mejor que tuve en todos mis años en el One Fly. Ese día domingo fui "top rod", obtuve 570 puntos. Finalmente, en el total de los dos días, no gané por muy poco. Ganar el One Fly con una caña de bambú hubiera sido histórico. Estuve cerca. Recuerdo estar hablando con Ernie relatando todo este episodio por teléfono. Fue una larga conversación, no me olvido más, y fue la última. Tiempo después lo llamé pero me dijeron que estaba internado y al poco tiempo murió.

Con Billy Pate éramos muy amigos y nos veíamos todos los años. Hemos compartido muchos momentos, en el río y fuera del río. En Estados Unidos pesqué con él el Colorado River en 1979 cuando se celebró el cónclave de la FFF en Steamboat Springs. Y acá pesqué con él la boca del Chimehuín muchísimas veces. Billy estaba detrás de la trucha récord, no le interesaba ninguna otra cosa. Si bien sabía pescar de todas las maneras imaginables, cuando venía a la Patagonia lo único que le interesaba era un récord mundial de trucha marrón. Entonces prácticamente siempre pescaba con shooting taper y streamers. Durante mucho tiempo su mosca preferida fue la Sportsman Muddler que, si no me equivoco, él diseñó. La trucha más grande que lo vi sacar fue una marrón de aproximadamente 7 kilos que le peleó como una hora. Billy era un caballero y un tipo muy interesante. Era un coleccionista de récords mundiales con mosca y en ese momento detentaba el récord mundial de tarpon (uno de poco menos de 200 libras pescado con un class-tippet de 16 libras). Sus historias de cómo fue desarrollando la técnica de pescar con mosca pez vela y marlin eran interesantísimas. Todo eso estaba siendo desarrollado en ese momento. Billy obtuvo numerosos récords mundiales con mosca, si no me equivoco fueron 225. Y eso es realmente una cosa de locos. Hablar con él era un placer. La última vez que lo vi fue en su casa en Islamorada en 2007 donde pasé varios días antes de volverme a la Argentina.


FD: ¿Alguna anécdota divertida de cuando guiaste a personajes como Robert Duvall, Michael Keaton, Liam Neeson?

Sí. Varias. En el caso de Robert Duvall, él me invitó a pasar unos días en su casa en Virginia. Era 1993 y yo venía de pescar en el One Fly en Jackson Hole, Wyoming y tomé un vuelo a Virginia. Mi vuelo hacía una escala creo que en Chicago donde me cambiaron de avión. Si mal no recuerdo había una diferencia de huso horario que me confundió y por distraerme comprando corbatas llegué tarde y perdí el vuelo. Mi equipaje era voluminoso con ropa, equipos de pesca y un rifle de caza mayor en un estuche especial de color negro. Al ver que perdía el vuelo pero que mi equipaje se iba a ir sin mi me puse muy nervioso y corrí hacia un teléfono público (todavía no había celulares). Llamé a Robert y le conté lo que me había pasado entonces él me preguntó cómo era mi equipaje y le dije "dos duffel-bags enormes verdes de Cabela's y un estuche negro con un rifle adentro".

Me dijo "no te preocupes, yo los busco". Me tranquilicé un poco y me subí al siguiente vuelo. Cuando bajé del avión en el aeropuerto de Washington Dulles pude ver a Robert sentado arriba de todo mi equipaje apilado, rodeado de gente y firmando autógrafos. Eso fue un verdadero alivio. En esos días él estaba estudiando los libretos para dos películas "Gerónimo"
y "The Paper", ésta última con Michael Keaton quien casualmente también había pescado conmigo hacía poco tiempo.

Así fue que unos meses después decidió tomarse un descanso y venir a Buenos Aires unos días para fin de año y me preguntó si yo iba a estar. Le dije que sí, entonces preparé una serie de visitas a lugares para ir con él y su mujer Sharon. Cuando vino, mi sorpresa fue que él conocía lugares de tango en Buenos Aires que yo desconocía completamente. Fuimos a todos esos lugares, y eran muchos. Él sabía muy bien dónde estaban y conocía a toda la gente de esos lugares y ellos lo conocían a él. Como gran aficionado al tango él ya había estado en esos lugares muchas veces antes. Al final él terminó prácticamente guiándome a mí en Buenos Aires. Robert Duvall no sabía pescar con mosca cuando recién vino. Le tuve que enseñar desde cero. Pero como buen actor que es, aprendía muy rápido. Al punto que sacó varias truchas muy buenas para la filmación del show "Fly Fishing The World" (Barrett Productions) que hicimos en Arroyo Verde y Quemquemtreu.

Robert Duvall también sabía tocar la guitarra y cantar, y su estilo era muy parecido a la música que yo toco y canto con la guitarra, especialmente folk. Me acuerdo que una noche tocamos juntos en Arroyo Verde.

Durante su estadía en la Patagonia, Robert Duvall vino con su mujer Sharon y con un actor amigo Willie Márquez que probablemente la gente no reconozca por el nombre pero sí cuando lo ve. Willie hizo de "malo" en muchas películas (en este momento no me acuerdo exactamente cuáles).

Las noches con Robert Duvall en Arroyo Verde y Quemquemtreu fueron inolvidables.

Había siempre bastante gente tomando en cuenta que estaba todo el equipo de producción de Barrett Productions, John Barrett, algunos guías de pesca míos y los dueños de casa y sus amistades. Después de comer Robert siempre armaba un "tango party" y él y su mujer les enseñaban a bailar tango a todos los que estaban ahí. Eso era desopilante porque seguíamos hasta las 4 de la mañana y al día siguiente estábamos tan dormidos que apenas podíamos filmar el show. Fue muy divertido.

Michael Keaton, a diferencia de Duvall, era (es) un avezado pescador. Vino con su hermano George y fuimos a Arroyo Verde y a San Ignacio. Me acuerdo que sacó una muy buena marrón en el Traful en el pool K9-K10 al mediodía. Era muy agradable y un perfecto caballero, aunque no era tan extrovertido como Duvall. Michael acababa de hacer Batman con Kim Basinger y Jack Nicholson. Batman fue un éxito internacional y él estaba en la cima de su apogeo en ese momento. Recuerdo que un día estábamos él y yo en el bote en el Collon Cura, yo remando. Yo le pregunto "what 's next?" y él me dice que le acababan de ofrecer hacer Batman II. Entonces yo le pregunto con quién, y él me dice Michelle Pfeiffer y Danny DeVito como El Pingüino, y que no estaba muy convencido de hacerlo. Entonces yo le dije que simplemente pidiera el doble de lo que le ofrecieron y si decían que sí, que agarre. Sonrió y se quedó pensando. Unos meses después veo el anuncio de Barman II con Michael Keaton, Danny DeVito y Michelle Pfeiffer. Siempre supuse que probablemente siguió mi sugerencia.

Liam Neeson era (es) un excelente pescador con mosca. Ya había pescado en muchos ríos y había hecho shows con John Barrett. Me acuerdo que pescamos el Pulmarí en Piedra Pintada y el Corcovado en El Palenque. Nos fue muy bien. Él venía de New York y recuerdo que los primeros días le costó desenchufarse del ritmo vertiginoso de New York. Durante el comienzo del viaje nos quedamos en Piedra Pintada para pescar el Pulmarí. La primera mañana salimos temprano para el río y Liam me pregunta cuánto se tardaba en llegar al río. Yo pienso un par de segundos y digo "20 minutos". A los 20 minutos de partir él me dice enfáticamente que ya van 20 minutos y que no llegamos, y que no es lo que yo le dije y que eso lo enoja (Barrett venía en el asiento trasero). Yo frené de golpe y lo miré a los ojos y le dije, "mirá, sabés qué... no tengo ni idea del tiempo exacto que se tarda, sólo te di mi más honesta estimación”.

Entonces inmediatamente puse primera y en un minuto estábamos en el río. La pesca fue muy buena ese día y esa noche tuvimos asado, música, guitarreada, champagne vino y whisky y no me acuerdo qué más. Todos bebimos un poco más de la cuenta. De pronto viene Liam y se disculpa profusamente diciéndome que él venía de New York donde todo se mide al segundo, pero que él era de Irlanda donde el tiempo no es importante, como pasa en la Patagonia. Yo sonreí y le dije "no hay drama, man, ¡todo bien!" y brindamos. Sospecho que el alcohol puede haber sido un tanto generoso para todos esa noche porque después de un rato vino y se disculpó de nuevo, después de una sesión de guitarra que yo realicé, a lo que le volví a contestar "forget it man, no hay drama". Se había olvidado. Me acuerdo que tuvimos gran éxito con la mosca que usé un par de años antes cuando gane el One Fly, una tipo Chernobyl Ant colorada y rosa. Tal es así que años después varias veces se comunicó conmigo para que le consiguiera más de esas moscas.


FD: ¿Un fotógrafo de pesca favorito?

Val Atkinson. Extraordinario fotógrafo y gran amigo de muchos años. Quizás mi opinión sea algo parcial ya que también he conocido y he estado con muchos otros fotógrafos excelentes, incluyendo algunos argentinos. Pero Val es muy amigo mío desde hace muchos años, hemos compartido toda clase de cosas y momentos (hasta fue compañero de equipo en el One Fly en 1995), como persona es absolutamente excelente y goza de un merecido reconocimiento en todo el mundo.


FD: ¿Creés que es importante conocer la historia de la pesca con mosca? ¿Por qué?

Porque creo que es importante conocer la historia de todo. El hecho de no conocer la historia hace que no se valore lo que tenemos. Por ejemplo la lucha exitosa contra las represas en la década del 80. La lucha para conseguir catch and release, que se pudo conseguir por primera vez en 1985 para el Malleo Superior.

Además la historia es lo que nos da nuestra propia identidad. De dónde venimos. Por qué hacemos lo que hacemos. Quiénes somos. De la historia también se aprende, y se debe aprender. Uno de los grandes problemas que aqueja a la Argentina es el desconocimiento de la historia, lo cual hace que inevitablemente se cometan los mismos exactos errores todo el tiempo.

En la pesca con mosca es de primordial importancia saber la historia, porque significa saber de dónde venimos y, por lo tanto, lo que somos y por qué.

Justamente en este momento estoy transcribiendo y traduciendo el documental completo de Joe Brooks, que es una película de 90 minutos aproximadamente. Va a ser muy interesante cuando todos puedan ver esa película con subtítulos en castellano. Ahí vamos a poder ver de dónde viene todo y por qué somos lo que somos y como somos. Y esto corre también para los norteamericanos. Muchos no tienen ni idea de la influencia vital que tuvo Joe Brooks en todo lo que ellos están haciendo ahora. Esperemos que eso esté pronto al alcance del público.


FD: Fuera de la Patagonia, ¿qué viajes y ambientes te han marcado?

Me identifico mucho con el oeste de los EEUU (Wyoming, Montana, Idaho, Colorado) porque fui muchas veces, tengo muchos amigos ahí y es uno de los lugares más lindos del planeta. Pero en general los que me marcaron fueron lugares de pesca distintos a la pesca de acá. Me aluciné en África pescando tigerfish. Me enamoré del tarpon en un momento, y de toda la pesca de agua salada. Fui a explorar el Ponoi en el 97 y 98, y me enamoré del Atlantic salmon. Pero para mí el súmmum es el Río Alta en Noruega. Los Atlantic salmon más grandes del mundo. Un lugar mágico, con una frondosa tradición. Tenía planeado ir por tercera vez en junio de 2020 pero la supuesta pandemia y las cuarentenas impidieron que la temporada se lleve a cabo. Espero poder volver en 2021.


FD: Después de tanto tiempo a la vera del río, ¿qué significa para vos la pesca con mosca?

La pesca con mosca soy yo mismo, es mi identidad. Significa todo. Lo que soy, lo que fui, lo que seré. La pesca con mosca tiene más de arte que de pesca en sí, es inspiradora, y siempre estás rodeado de lugares mágicos. La pesca con mosca es una filosofía.

La pesca ha sido, para mí, desde el principio una atracción inexplicable, irresistible, un encuentro cercano con lo desconocido, lo inesperado; como lo definiría Thomas Henry Wilson, Jr. ... "es cada curva del río… el misterio eterno de lo que está más allá". A edad temprana me di cuenta de cómo la pesca podía hacerte sentir poderoso y, sin embargo, miserablemente humilde. Descubrí también que la pesca podía guiarte a través de una gran variedad de sentimientos y estados mentales que van desde la emoción, la esperanza, el desafío, la persistencia, la determinación y el éxito hasta el dolor, el fracaso y el desánimo, por nombrar sólo algunos. La pesca se compone de sueños y pasión al igual que la vida, por lo que puede convertirse en una lección de vida sorprendentemente interesante. Me ha enseñado que tengo que ganarme mis victorias, aceptar mis derrotas, superar los desalientos, permitir la esperanza y creer en ella, y no dejar nunca de seguir intentándolo; siempre habrá otra oportunidad.

A menudo pienso que una persona que puede comprender la esencia de la pesca puede muy bien ser una persona que comprende la esencia de la vida, por lo que se deduce que cuanto mejor pueda encontrar la manera de resolver los interminables desafíos, dificultades o situaciones aparentemente imposibles que se plantean pescando, mejor preparada estará para triunfar en la vida. Y esto pasa todo el tiempo. Una vez que la persona reconoce la lógica de la pesca, esa persona está en mejores condiciones de vivir una vida más plena, de volverse más sabia. A menudo he sentido esto cuando me he encontrado en situaciones de pesca aparentemente imposibles, incluso en momentos en que mi integridad era puesta a prueba.

Como guía y outfitter siempre he sabido que la pesca implica incertidumbre; las condiciones climáticas y del agua son probablemente las más habituales.

La pesca es una lección de vida. Fallás, te desanimás, volvés a intentarlo, trabajás duro, muy duro, y al final, a veces, podés lograrlo. Sin embargo, siempre he sentido que lo que realmente define todo esto es el hecho de que no hay garantías, es decir, si hacés lo que tenés que hacer podrás ser recompensado o no, pero si abandonás la lucha te garantizás absolutamente que no vas a tener éxito. Creo que la pesca puede mostrarte cómo vivir una vida mejor. Puede mostrarte que no merecés algo a menos que te lo ganes, a menos que seas digno de ello. La pesca tiene que ver con la dignidad, tiene que ver con la integridad... y es lo que sucede todo el tiempo.


FD: ¿Qué es lo más valioso que te llevas de una vida trabajando en esto?

La pesca con mosca le ha dado un gran significado a mi vida. A lo largo de los años, me he dado cuenta de que no se trata sólo de pescar, sino también de conocerte a vos mismo y a los demás, perseguir ideas, sueños y metas. Se trata de poner a prueba tus valores una y otra vez. Se trata de ayudar a las personas a ser más sabias, es decir, ayudar a las personas a ayudarse a sí mismas.

Tal vez por eso me enganché con la pesca con mosca y, a veces, hasta saco un pescado... lo cual también es divertido.


FD: ¿Un balance final?

Si nuestra existencia carece de sentido, se vuelve aburrida y vacía. Creo que lo que hace que la pesca sea tan atractiva es la presencia de la libertad, la integridad y la dignidad que se pueden encontrar en ella, así como la humildad y la aceptación una vez que hemos aprendido a superar la frustración, los celos, la envidia y hasta el odio. Esta experiencia seguramente nos ayudará a convertirnos en personas mejores y más sabias, en personas que viven de acuerdo a estándares más altos. En general, he descubierto que los pescadores con mosca son personas interesantes, personas que se vuelven más sabias, más honorables y más respetuosas de los valores a medida que su experiencia de pesca con mosca crece hasta el punto en que son capaces de enseñar, transmitir lo que han aprendido de manera que otros puedan beneficiarse de sus descubrimientos.


Nota: No me quiero olvidar de mencionar a Pete Erickson quien fue mi guía cuando ganamos el One Fly en 1999.