Millones de truchas, salmones y pejerreyes han salido de la Estación para ir a poblar y dar categoría deportiva a cantidad de ríos de Mendoza; San Luis, San Juan, Tucumán y todo el noroeste argentino. Últimamente una gran partida fue llevada al Paraguay en un avión especialmente enviado por el Presidente de ese país, el Gral. Stroesnar y piloteado por su propio hijo. En ningún caso se cobró un solo centavo por una trucha. Todo ha sido una obra patriótica y desinteresada que mueve a la gratitud de las autoridades y los deportistas. No se podrá ya escribir la historia de la piscicultura argentina sin reservar un lugar relevante a estos pioneros magníficos que, al igual que John Goodall, en Tierra del Fuego, han completado la obra realizada en nuestro país por mejorar la calidad de las especies que pueblan nuestros valiosos ríos. 


Adelantándonos al reconocimiento oficial hemos pedido a Don Antonio Vallés que nos relate algo sobre esta obra y nos dice con modestia: 


- Sí, la obra que hemos realizado ha insumido millones de pesos. ¿Cómo la he realizado sin ser precisamente un millonario? Pues siendo un enamorado de la Naturaleza y poniendo entusiasmo y fe en lo que hacía, hago y haré... Esta obra conciliaba para mí, mi pasión de naturalista, con mi afición a la pesca y mi interés por todo lo que se refiere a la reproducción de los peces... Estoy satisfecho. He obtenido éxitos difíciles de superar...


- ¿Había realizado estudios o experiencias como piscicultor antes de fundar la Estación Piscícola?

- Primero quiero aclarar algo muy importante. En realización solo he tenido dos colaboradores: Don Andrés Filippini y su hermano Luis Filippini. Ahora sí, contesto su pregunta. Yo no tenía conocimientos de piscicultura. Para el primer desove teníamos un lote de 100 arco-iris como reproductores. Los elementos con que contaba eran sumamente precarios. Un libro con enseñanzas elementales y unas pocas bateas de madera, muy malas. Asimilé los cuidados con que hay que tomar a la hembra y apretarla para hacer desovar. Pero no tenía los guantes apropiados y los peces se me escurrían con el resultado de que en la batea, junto con los desoves y el semen había tierra y barro. Lavé los huevos como pude y fueron luego distribuidos en varias bateas. Era mi primer acto y lo seguí con ansiedad, visitándolos todos los días. Sacaba los huevos blancos y pronto vi el ojo negro en el embrión. En ese ensayo tuve un 20% de pérdidas... muy pocas en realidad... Con ovas seleccionadas no hemos, después, obtenido un porcentaje igual...


- ¿Por qué eligieron ese lugar? (Nos referimos al de la Estación Piscícola). 


- La estación está situada a 80 kms. de mi domicilio, en la falda de un cerro, al pie de la Cordillera de los Andes. Las aguas son captadas de los deshielos del Cordón del Plata. Las temperaturas nunca pasan de los 14º con mínima de 8º. El lugar se ha revelado ideal a través del tiempo. Durante 20 años viaje hasta cinco veces por semana para atenderla y mi entusiasmo por estas tareas de piscicultura lo revela el hecho de que descuidé completamente mis actividades particulares. Y más aun. Allí fueron a parar casi todos los recursos económicos que me había producido la venta de mi farmacia. En ese camino sinuoso, de montaña, rompí varios automóviles, además en cierta oportunidad en que mi automóvil iba cargado con envases de truchitas tuve un choque, en el lomo de un cerro. Luego del accidente, apenas nos pusimos en pie, lo primero que atiné fue a tratar de salvar las truchitas y en esa tarea colaboró el dueño del otro vehículo, después de surgir de un montón de hierros retorcidos. Al finalizarla nos dimos un abrazo y pocos días después almorzábamos juntos... El lugar del accidente parece maldito. Años después, allí mismo, perdió la vida Don Luis Filippini, presidente de los viñedos y bodegas de su apellido... Fue para mí un terrible golpe. Perdí al gran amigo, al entusiasta colaborador...


-¿Ud. recuerda algunas de las más importantes donaciones hechas por el establecimiento?

- Están documentadas todas. Pero le mencionaré solo algunas. Auténticos salmón sebago regalamos a San Juan. Eran grandes, de 4 años de edad. Estaban a punto de desovar y los tomamos en un embalse de 2 hectáreas. Con estos salmones hice una observación a la cual no hallaba explicación satisfactoria. Cuando se preparaban para el desove se agrupaban golpeando con su morro ya recurvado la muralla de la parte sur. En la parte oeste del laguito entraba el canal que los proveía de agua limpia, fresca y oxigenada. Pero allí no iban. Con la quijada recurvada como pico de loro hacían esfuerzos por superar la pared del sur. Habían sido embrionados en la Estación de Bariloche y - ¡oh! misterio - hacia ese lado precisamente pretendían emigrar, al llegar la época de desove. 


- ¿Cómo se realizó el traslado?

- Fue una operación titánica, organizada por el señor Marcelo P. Balaguer, presidente del Club de Pesca sanjuanino. En un camión tanque, con 5.000 litros de agua viajaron dos días, llevando oxígeno y hielo, controlando siempre la temperatura; por caminos empinados y difíciles de la Cordillera hicieron el recorrido. Llegaron sin pérdidas al río Blanco que se forma con los deshielos del Aconcagua y allí los largaron. Nunca más los sanjuaninos tuvieron noticias de estos salmones. Es posible que hayan remontado el río y algún día los encuentre en algún lado, en plena cordillera... Truchas marrones y salmones sebago fueron introducidas por primera vez en Mendoza y San Juan por intermedio de nuestra Estación Piscícola con la venta de la Dirección de Piscicultura del Ministerio de Agricultura de la Nación. Yo llevé personalmente a la laguna El Sosneado 20.000 truchitas marrones. Recorrí más de mil kilómetros entre ida y vuelta sin tener una sola pérdida. Su desarrollo fue magnífico y muchos pescadores han capturado cientos de ellas... tantas que sería difícil afirmar que ahora queden algunas...
En Valle Hermoso al sur de Mendoza, a 3.500 metros de altura sembramos truchitas de nuestro criadero aunque la provincia, por intermedio de Piscicultura, había liberado ya 20.000 arco-iris; 5.000 fontinalis y 2.000 sebagos. Hubo que andar en vehículo con acoplado, entre ida y vuelta, más de 1.200 km. Ahora allí se hacen concursos internacionales, con los chilenos y se ha capturado en Río Grande una arco-iris de 8 kilos.


Más siembras 


En río Plomo, afluente del río Mendoza, queda en plena Cordillera de los Andes. Allí los tachos con truchas fueron llevados a puro pulmón, cargándolos como mochila. Todos los ejemplares llegaron vivos. Otra siembra de epopeya fue la que se hizo en el Valle del Río Tunuyán. Se organizó una tropa de mulas a las que se le coloraron como alforjas, tachos de lechero en que iban las truchas. Otras llevaban hielo. Fueron dos días de penurias y de esfuerzos en la que colaboraron amigos deportistas. Todo está bien documentado. 
A Tucumán le regalamos 50.000 arco-iris. El traslado se efectuó en aviones y como la operación salía muy cara el Club puso en Circulación bonos de contribución. El gobierno provincial al enterarse hizo retirar todos los bonos y afrontó los gastos. Pocos años después se hizo un concurso al que se le dio el nombre de “Vallés-Filippini”. Se capturaron truchas de hasta dos kilos...


- ¿En cuánto calcula Ud. la cantidad de truchas donadas hasta ahora?

- En una cantidad de más de 3.000.000, sin contar otros tantos pejerreyes. Las truchas, salmones y pejerreyes que hemos producido no solo han poblado los ríos de Mendoza, Córdoba, San Luis, Tucumán y San Juan. Se han hecho envíos a Chile y al Paraguay. En Mendoza no solo se han liberado truchitas de nuestro criadero en aguas fiscales sino también en grandes tanques de predios particulares cuyos propietarios continuamente nos demandan que verifiquemos el desarrollo y nutrición de los peces. En todo momento prestamos gustosos el asesoramiento.


Truchas condicionadas


En un laguito teníamos 2.000 truchas arco-iris ya adultas, de un kilo, a las que logré pacientemente condicionar...


- ¿Aplicó los métodos de Pavlov?

- Exactamente. A un toque de campana, todos los días les dábamos de comer. Al cabo de un tiempo con solo hacer sonar el bronce lográbamos reunir todas las truchas en un rincón del laguito en donde se concentraban a toda velocidad. Llegó un día en que me informaron que había que desagotar el laguito y con Filippini convenimos en repartir las truchas entre nuestros familiares. No dormí pensando en que mis truchas amaestradas iban a tener como destino final el sartén. A la mañana siguiente hablé por teléfono requiriendo la colaboración de mis amigos bodegueros que tenían camiones tanques. Tocamos la campana y con una red capturamos las truchas, las distribuimos en los camiones y las liberamos en el Río Mendoza. El día de la repartija, con gran asombro encontraron el lago vacío. Pero el río Mendoza hoy tiene truchas hasta en el límite con Chile.

- Debo reconocer, rindiéndoles homenaje, la colaboración, el estímulo y los consejos que nos dieron dos jefes de Piscicultura de la Nación, el Dr. Tomás González Regalado y el Ing. Juan Carlos Plaza. Ellos visitaron nuestra Estación y a fin de evitarnos la honrosa y delicada manutención de reproductores se ofrecieron para enviarnos huevos embrionados desde Bariloche. Estos altos jefes comprendieron nuestra obra y colaboraron con ella.
La Estación Piscícola en los últimos años ha organizado la distribución de salmónidos y pejerreyes, por intermedio del periodismo oral y escrito comunica la fecha en que se hará la distribución. Se lo hace con buena anticipación a fin de ir recibiendo y clasificando los pedidos. Llegado el momento suelen reunirse en el lugar 40 a 50 vehículos. Todo se hace por riguroso turno y una vez le tocó hacer “cola” al mismo delegado del gobernador. Pero como la ley es pareja, nadie protesta.

El señor Antonio Vallés, Premio de Honor y Medalla de oro de la F.A.D.E.P. por su obra altruista, es el inventor de un sistema de transporte de peces vivos que ha causado sensación en el mundo. Los peces se acondicionan en bolsas grandes de polietileno y se las provee de una dosis bien calculada de oxígeno medicinal. Así viajaron desde Mendoza al Paraguay 200.000 truchas que llegaron sin ninguna pérdida. Es, además, un pescador deportivo destacado que ha obtenido una trucha récord que lo hizo merecedor a un trofeo enviado desde Suecia. Gran conservacionista, emplea sus vacaciones no solo pescando, sino fotografiando ambientes y realizando estudios y evaluaciones que las autoridades han tenido en cuenta más de una vez para dictar reglamentaciones destinadas a defender el capital que representan los salmónidos y otros peces de alto valor deportivo.


En distintas oportunidades los clubes y los gobiernos agradecidos por la obra que realiza la Estación Piscícola Vallés Filippini le enviaron ayuda pecuniaria.

-Hemos recibido hasta un millón de pesos viejos. Pero invariablemente lo hemos devuelto. Queremos que nuestra obra sea desinteresada... - nos dice el señor Vallés.


Y callamos. Y pensamos que hay muchas formas de servir al país. Y que la suya es muy valiosa, en verdad.