Todos los años, luego de inaugurada la temporada truchera, numerosos aficionados pescadores argentinos y de otros países, se dan cita en la excepcional región de los lagos del sur con la esperanza de cobrar, de los pródigos y límpidos espejos de agua, la colosal trucha con que todo pescador sueña.

La pesca de salmónidos en ríos y lagos del sur argentino constituye, junto con el panorama de aquellas regiones, el compendio ideal de toda captura deportiva. Porque a las múltiples facetas de la actividad piscatoria, hay que sumar la particular conformación panorámica e hidrográfica de esas áreas del país. Puede decirse que estos ámbitos capacitan al aficionado para discernir si la pesca con caña es un simple y sedentario pasatiempo, o un medio cuya práctica exige física y mentalmente al deportista de la caña. Una confrontación piscatoria en tales escenarios casi seguramente merecerá ser calificada como una actividad deportiva, recreativa y emocional de primer orden, y no un mero pasatiempo. Para comprometernos con este concepto es que desarrollamos cariadas observaciones que luego, al tomarse en cuenta en la experiencia individual, pueden jerarquizar el sentido deportivo de cada captura.

Las especies – Es criterio universal que tanto la trucha como el salmón son especies rectoras y representativas de otras. Las razones por las que estos peces reciben esa distinción son innumerables, pero en síntesis- tomando ambas especies como una sola- podemos reseñar caracteres ambivalentes tomando en consideración a la trucha.

Agresividad y belleza – El pez, durante su combativa lucha defensiva, entremezcla movimientos opuestos entre la superficie y la profundidad y se presenta a los ojos del pescador como una bella imagen donde destella la luz solar sobre el espejado brillo de sus escamas. Los poderosos y acrobáticos saltos salpican gotas que parecen de plata y la imborrable fisonomía de este luchador se vuelve majestuosa al reflejar tonos de maravillosa irisdiscencia mientras contorsiona su cuerpo. La agresividad se torna plástica y proporciona un sentimiento revitalizador que sólo puede interpretarse en la experiencia íntima de la confrontación, en medio de un paisaje tan placentero como el consignado.

Astuta y confiada en sí misma – La transparencia del agua parece ser un factor notable a favor de la astucia natural de este pez. Esto supone un acicate para exaltar aun más el entusiasmo del pescado, ya que la trucha se vale de la excepcional cristalinidad del agua y las vibraciones del medio subácuo, para desdeñar los más atractivos artificios creados par la captura, aunque estos sean accionados por manos experimentadas. En cualquier momento, el endiablado pez, que poco antes pareciera jugar con el engaño trabajado por el excitado deportista, hace alarde de extraordinaria astucia, haciendo pasadas frente al alcance visual del pescador con aparente confianza y absoluta serenidad. Puede interpretarse, en ese momento, que el pez realiza un acto burlesco de desafío luego de haber desechado reiteradamente el cebo ofrecido. De hecho, el deportista debe reconocer noblemente que se halla frente a un pez altamente difícil de capturar.

Veloz y sutil cazadora – En ocasiones puede observarse como la trucha, que es esencialmente cazadora de insectos y también, de forma eventual, predadora, acredita su fama de ser la reina de las sutilezas. En fugaces y veloces desplazamientos, sin desmedida violencia y con asombrosa, sin desmedida violencia y con asombrosa agilidad, precisión y estilo, toma minúsculos y alados cebos de la superficie líquida. En la operación opera su estilizada dinámica de movimientos y aplica un desarrollado sentido que le permite captar las más débiles vibraciones. Casi siempre se espera localizar truchas a través de los indicios que estos peces dejan en la superficie del agua cuando cazan, pero no siempre sus ataques son suficientemente notorios para ser observados o captados a distancia, y menos aún cuando éstos se producen en aguas movidas o simplemente rizadas. 

Vale decir que, si bien se trata de un pez cazador, no debe esperarse que en todas sus acometidas deje rastros visibles, como lo hacen el dorado y otros predadores, que dejan estelas y remolinos muy visibles. Por este motivo puede señalarse que, además de agudizar todos los sentidos para situar rastros que la trucha deja en su cacería, el aficionado debe deducir que la misma prontitud, precisión y sutileza con que la trucha toma en el aire la diminuta mosca, es utilizada también por el pez para rechazar un engaño cuando lo descubre. Esta notable actitud que admiramos en una trucha y que la califica como un pez impecablemente deportivo, es efectuada con tal rapidez y limpieza que, aun cuando el pescador ha podido advertir la toma del artificial, se ve imposibilitado de precisar en ese mismo instante la clavada.

Otros “humores” – Pero no siempre la trucha es demasiado confiada en sí misma. Otras veces, ocasionalmente, se encuentran ejemplares desconfiados y huidizos. Sin embargo no podemos calificar estas últimas características como ambivalentes en la especie, aunque es aconsejable recordarlas. Muchas truchas permanecen ocultas, recelosas y apartadas, fuera del alcance visual del pescador. Es probable que esto sea por causa de anteriores encuentros piscatorios. Lo cierto es que, el deportista, para vencer esta desfavorable situación, debe extremar su habilidad e ingenio en la elección, utilización y confección de los elementos que componen el equipo de pesca. (Ver recuadro).

Cebos artificiales – Las armas que utiliza el pescador para tratar de vencer son, en primera instancia, cebos y engaños artificiales. Estos elementos no son para terminar con el pez, sino que, por el contrario, son los que imponen las condiciones de lucha para brindarle mayores chances de manera de halla un equilibrio de partes. Esto significa que el deportista debe estudiar minuciosamente las características de “trabajo” y acción de todo un arsenal de artificios, adquiriendo, a través de la práctica, el dominio del manejo de los mismos. De la correcta aplicación dependerá en gran parte el éxito deportivo. En recuadro aparte se hace referencia de modelos que fueron probados con resultados satisfactorios en las modalidades Fly Cast y Spinning.

Implementos – En lo que hace al resto del equipo, los implementos nunca deben superar en resistencia a la potencia del pez. Esto significa que, deportivamente, el pescador brindará las chances máximas a su contendiente a través del equipo que utiliza. Si se procede de la forma indicada y se utilizan los equipos aconsejados, bastará que el aficionado capture su primera trucha para que aprecie todas las fases del deporte y su verdadero sentido. Por otra parte, mediante la misma experiencia podrá discernir lo significado al comienzo de esta misma nota.

Actividad mental y física – La actividad física y mental son factores preponderantes en lo que hace al acrecentamiento o disminución de chances deportivas. En las modalidades más usuales y permitidas, es decir, Fly Cast y Spinning, es necesario recurrir al empleo de ambos factores, pues ambas prácticas requieren, además de ingenio y destreza, largos e inevitables desplazamientos para situar pesqueros apropiados. Estas caminatas suelen exiguir el tiempo de toda una jornada y deben realizarse en general sobre extensos y resbaladizos pedregales. El pescador, enfundado en incómodos “Waders”, tiene que vadear arroyos y ríos, llevando el peso de una considerable carga de avíos e implementos. Pero esto no implica un sentido de sacrificio necesariamente, ya que es parte íntima de la actividad deportiva. El saludable ejercicio en aquellas apacibles soledades, entre la exuberancia vegetal y el suave murmullo de las aguas, hará sentir al pescador el valor emocional de este deporte.

Sugerencias para principiantes – Provistos del equipo y ya en la región, aconsejamos realizar los primeros intentos acompañados por algún baqueano o guía especializado. Si no existieran posibilidades de esto y hubiera que hacerlo por propia cuenta, convendrá iniciar las prácticas lejos de zonas muy concurridas, donde siempre es factible encontrar sectores menos “cuchareados”, y por ende, más a propósito para la experiencia. Una vez frente al lago y seleccionada la zona para el intento, se realizarán desplazamientos -costeros y a pie- hacia áreas provistas de accidentes naturales, tales como desembocadura de arroyos y ríos, fondos rocosos poco profundos, pedregales ribereños, sectores próximos a raigones, reparos, pozones, etc. en cuanto a los ríos, debido a la escasa distancia que separa al pescador de los obstáculos naturales (similares a los ya señalados) consideramos que la modalidad Fly Casting siempre es más atractiva y positiva, por lo que la recomendamos especialmente. 

Cuando visualmente se localice una trucha, se debe proceder sin apresuramientos y con cautela -recordando las características del pez- observándose si el artificial empleado hasta el momento se adapta a las características del lugar donde se ubicó al pez. Si no fuera así, será preferible aceptar la demora que implicará su reemplazo, antes que se produzca el ahuyentamiento de la trucha por uso de un señuelo inapropiado. 

Al efectuar el cast se procurará sobrepasar la distancia donde se encuentra la presa, con el artificial. Esto se hace para no asustarla y darnos tiempo de accionar correctamente al artificial, cuando éste pase frente al pez. Mientras se recorre el río en busca de lugares claves, es aconsejable realizar alternados lanzamientos hacia adelante. De esta forma se cubrirá una mayor área mientras se avanza. Si en un determinado lugar, luego de varios lances, no se ha obtenido respuesta favorable, conviene intentar nuevamente suplantando el engaño por otro de un color y acción distinta. Si tampoco hay respuesta, no se deberá insistir, conviene cambiar de lugar.

Al regresar – Si se emprende el regreso por el mismo camino, será atinado intentar nuevamente en los lugares iniciales, especialmente en aquellos que parecieron propicios. De esta forma se tendrá una chance más con respecto al momento oportuno. Muchas veces las mejores capturas se consiguen de este modo. Para finalizar debe recordarse que, mientras se accione un artificial, debe pensarse en la posibilidad de que detrás del mismo esté el codiciado trofeo. La idea servirá como un estímulo para la realización de un mejor trabajo. Por otra parte, una labor deportiva, ejecutada a desgano, solo puede proporcionar inocentes ejemplares juveniles.