Cualquier pez que viva en profundidades penetrables por la luz, puede ver los colores. Así es que el color, tal como nuestra experiencia nos lo indica, es un factor más que interviene en la selección de las moscas que emplearemos al pescar.
Es muy probable que esta posibilidad sea una adaptación que los peces hayan desarrollado respondiendo a la necesidad de alimentarse y de estar vigilantes ante eventuales amenazas, contra la luz de fondo, entendiendo como tal al color que toma el agua cuando la visión es direccionada en forma paralela a la superficie. Esta es un efecto de la dispersión de la luz al atravesar el agua. En este fenómeno es la luz azul la de mayor dispersión, por eso es el color predominante a más profundidad en el agua, y también a mayor distancia en la atmósfera, por lo que se explica el color del cielo.
Cuando se trata de una masa acuosa cristalina, el color de la luz de fondo en la visión del pez, es azul plateado. Ante la presencia de algas, como en la mayoría de los ríos y lagos, tiende a ser amarillo verdosa, y en las aguas cenagosas, la luz de fondo es rojiza.
La visón del color mejora notablemente la capacidad de alimentación del pez. Pensemos: Si viera sin color, sólo matices de luz, todo aquello que tuviese la misma luminosidad que la luz de fondo del medio acuoso, tendría su mismo aspecto al camuflarse. O sea, ver con colores le permite tanto diferenciar cuerpos de similar luminosidad, detectando mucho mejor, entonces, su alimento y a los predadores, entre ellos a nosotros y nuestras prendas.
El pez, además, padece la incidencia de la pérdida de luz que provoca el aumento de la profundidad del agua. Esta pérdida de luz se da por la absorción del agua, de las plantas y de las sustancias disueltas en ella.
A medida que la luz va penetrando el agua clara, esta va absorbiendo paulatinamente el rojo (a 2 m), el naranja (a 4 m) y finalmente al azul a los 9 metros de profundidad. Esto varía en aguas dulces con algas y en las pantanosas.
Este es otro aspecto a tener en cuenta cuando elegimos la mosca.
En agua limpia, la mosca será vista contra una luz de fondo azul plateado. Si llegara a derivar cerca de los 9 metros de profundidad, comenzaría a perderse en la oscuridad.
En la mayoría de las aguas la mosca es vista contra un fondo amarillo verdoso debido a la presencia de algas que va siendo cada vez más verde hasta que alrededor de los 7 metros la oscuridad aborta la posibilidad de visión.

Cuando vemos una mosca de determinado color (por ejemplo, rojo) es porque sus materiales absorben todos los colores, menos el que vemos (el rojo). Más allá de los 2 metros la luz de fondo absorbe el rojo por lo que nuestra mosca no reflejará color alguno y se verá gris. Lo mismo pasará con moscas de cualquier color a medida que se sumerja y su color sea absorbido por la luz de fondo del agua. La única mosca que mantendrá su coloración hasta los 9 metros será la azul ya que hasta esa profundidad sólo esa luz penetra.


La imagen que acompaña el artículo es una fotografía de Jonas Hoholt, denominada "The ring of the rise"