Con experiencia escasa/nula en el fly cast, siendo totalmente principiante y con un laaaargo camino por recorrer en este vicio, llegó como caído del cielo un viaje a Bahamas con excursiones de pesca incluidas, coordinado para realizar en los últimos días de mi luna de miel (gracias a mi esposa por bancarme, a mi primo y fiel compañero Gena, y muy especialmente al autor de que todo esto fuera posible). Después de esperar durante un largo tiempo finalmente llego el tan ansiado viaje para tener la suerte de poder experimentar (con el deleite y el duro golpe de paciencia y aceptación que vinieron asociados) lo que implica comenzar con la pesca en saltwater.

Partimos del hotel ubicado en Grand Bahama, mas puntualmente en Freeport, hacia el lado Este de la isla; las condiciones climáticas no eran las mejores (había viento y estaba nublado), pero eran las que nos habían tocado, y contra eso no podemos hacer nada; luego de un desayuno express y de unos 50 minutos de viaje cargados de preguntas e instrucciones, y previo saludo y presentación con los guías locales (Whitney y Joe), procedimos al armado del equipo necesario para tal fin; nos subimos a los botes que estaban preparados para nosotros, en el primero de ellos y junto a Whitney se fue mi tío, en busca del objeto de su deseo…Permits!!!; en el otro salimos con Joe T junto a mi primo y fiel compañero Gena, que se banco con sus tan solo 10 años, 4 días completos de 8hs diarias arriba de un bote (un sueño para mí, en donde las horas volaban!!... pero la percepción del tiempo es relativa a la persona y sus vivencias, y para un nene realmente es muy duro y es mucho tiempo, pero se la banco como un campeón!!). Pasaron unos veinte minutos hasta llegar a un “spot” y el guía pregunta quien arranca, los dos nos miramos como pasándole la pelota al otro…Gena me dice “arranca vos”, así que agarro la caña, subo a la parte delantera del bote y  me preparo. Pasaron unos cuantos minutos, el clima no ayudaba, hasta que el guía dice…”ahí…ahí…a las nueve en punto…los ves??; a lo que respondo…”la verdad…no veo nada” (aun poniendo todo el empeño del mundo en intentar observar algo por más mínimo que sea); Joe dice “son tres, no uno, ni dos, tres!! Pero no te preocupes, es normal, yo solo quiero mostrarte a lo que debes prestar atención para buscarlos de ahora en adelante”. Pasan unos minutos más y la situación se repite, me indica el lugar, aunque no puedo ver absolutamente nada; recién en la tercera situación pude divisar una sombra y comprendí lo que el guía me indicaba. Al menos ahora sabía que debía buscar, pero lamentablemente para mí, la visión del objetivo era solamente el primer gran obstáculo.

El segundo se presentó recién en el cuarto intento, con el pez avistado con las instrucciones del guía….el casteo!!!... los nervios, la presión, la ansiedad, todo pero absolutamente todo contribuían a realizar los peores intentos de cast que realice aun comparando con el primer día que agarre una caña de mosca. No sentía la línea cargarse, intentaba tirar con la fuerza del brazo más que con el principio básico de palanca, la línea se me enganchaba en cuanta cosa sobresaliera del bote (aunque mas no sean un par de centímetros), el viento que me corría la línea y la mosca…UN DESASTRE!!! y lo peor de todo eran los segundos en los que transcurría la acción, en mi cerebro eran milésimas de segundo ( ahí viene…prepárate…empeza a castear….más largo….más a la derecha…tira tira tira!!!………….lo espantaste…..)Tuve unos 3/4 intentos más sin suerte, mirando la línea caer a metros del objetivo o justo sobre este hasta que la relación cerebro-motricidad se redujo a un rotundo NND como en el colegio (no alcanza en nivel deseado)… ese fue el momento de cambiar con Gena. El guía nos llevó a otro lugar, y luego de varios minutos de viaje me ubique junto a Gena durante su turno para poder seguir practicando la capacidad de intentar ver a los peces. Bastaron unos 3 tiros para que Gena capture el primer bonefish de su lista, luego de la tomada y las tres corridas características de la especie, el guía subió el trofeo al bote y luego de las fotos y la alegría se lo devolvió al agua. En ese periodo observe la causa principal del éxito de Gena…su tranquilidad, la naturalidad para realizar el tiro tal como el guía se lo indicaba como si estuviésemos en la plaza practicando, como si no hubiese nada delante de él (ahora, ver y observar los errores es una cosa… tener la serenidad para poder corregirlos en situación de pesca es algo muy diferente).

Volvimos a cambiar, Gena estaba contento y con algo de hambre, yo estaba feliz por la captura y super entusiasmado, anhelando repetir lo que Gena había realizado minutos antes. Joe nos llevó a otro spot, y el resultado no fue muy diferente al primer intento, por más que intentaba serenarme, sentir la línea, cargar la caña, enfocarme en el pez y no en lo que estaba intentando hacer que era castear, los nervios se apoderaban de mí y el resultado era el mismo. Luego de varios intentos realizo un tiro medianamente potable (a estas altura para mí era el tiro de mi vida), el guía continua con las instrucciones…recoge…recoge…espera…recoge…clava!! Clava!!!...y ahí el enésimo error, subí la caña casi por instinto como si fuera una trucha lo que estaba del otro lado, en vez de continuar el estripeo de la misma manera pero realizarlo más largo y firme que los previos; el resultado…le “saque la mosca de la boca”. Tuve revancha luego de unos cuantos cambios de turno de pesca y tiros después, el pez tomo la mosca y luego de la segunda corrida se desprendió, por otro error jajajaja el hecho de no mantener la tensión en la línea todo el tiempo, de levantar la caña cuando el pez corría y recoger la línea cuando la situación así lo requería, por miedo a presionar demasiado y que termine cortando el tippet.

Mi consuelo en esos momentos era una especie de auto convencimiento, un dialogo interno totalmente estúpido pero efectivo (y bueno…es la primera vez…es el primer día….no sabía con qué me iba a encontrar….esta nublado….hay bastante viento…), todas excusas “perfectamente válidas” y atribuibles a factores externos, todo esto confiando en el pronóstico para el siguiente día, el que nos proveía las condiciones más propicias para la pesca (sol y poco viento)… con el ánimo alto y totalmente convencido de que la experiencia de este primer día (aun sin peces capturados) me daba todo lo necesario para conseguirlos sin ninguna duda al día siguiente.

El segundo día comenzaba y para sorpresa mía, al llegar al punto de salida, el guía había cambiado; Joe había salido con otro grupo en busca de permits y nos habían asignado a otro guía. Luego de varios minutos de viaje, llegamos a un lugar y Gena prepara su caña con su camarón, y al igual que en el día anterior me coloque junto a èl para intentar observar a los peces; con el sol y sin viento la diferencia con el día anterior era enorme, se podían divisar los peces con muchas más facilidad, obviamente el guía nos indicaba donde observar (realmente es increíble la capacidad de observación que desarrollan), y luego de un par de tiros y viendo una cantidad generosa de bonefish, Gena captura el primero del día… no podía existir mejor comienzo; luego de unos minutos hacia otro spot, era mi turno y estaba verdaderamente muy confiado en que ese día se me daría, sacaría mi primer pez en agua salada. Me coloco en posición, preparo cuidadosamente todo y unos minutos luego, el guía me pone en posición, me dice que realice el tiro y al igual que el día anterior, fue un desastre jajajajaja y para mi gran pesar las situaciones eran incontables, habré tenido unos 10/12 tiros durante mi turno de pesca y la situación se repetía y mi ánimo se derrumbaba con cada oportunidad perdida; después de la segunda mosca clavada en mi pantalón, y varias vociferaciones elevadas de tono, me senté con el motor recalentado, esperando que la temperatura bajara para intentar continuar con el día. Mientras tanto, Gena sacaba el segundo bonefish del día; yo sentado en el asiento del bote repasaba todos los errores que cometía para intentar subsanarlos…la ansiedad y los nervios me estaban jugando una mala pasada.

Unos cuantos minutos después, se va la segunda… los intentos, si bien mejores que las primeras veces, seguían con el mismo resultado y ante cada intento desaprovechado la paciencia del guía era menor y cada indicación que salía de su boca era un puñal a mi persona y a mi orgullo, ya a estas alturas tenía ganas sinceramente de partirle el pole por la cabeza… y luego de varios ” tira!!!...tira!!!...no ahí no!!!..vamos hombre!!...ufff, los espantaste a todos!!” (seguido -desde mi visión de la realidad, en ese momento- de una mirada hiriente, que traspasaba el polarizado de los lentes… que sin palabras te insulta más que la peor pute%&$# en una cancha” reaccione contra el guía con mi ingles tarzanezco…” ya sé lo que me decís que haga, no soy sordo, soy horrible casteando!! Por más que grites no sale!! No es que no te entienda, entiendo todo lo que me decís, pero no lo puedo hacer!!... me senté sumamente frustrado; esos minutos, mientras era el turno de Gena, fueron terribles…no era un dialogo interno, era una pelea de la UFC…primero contra el guía, como si él fuera el responsable de que yo sea horrible casteando, y después contra mí, como podía ser tan pelot%$#, si eran tiros de 12/15 metros, tiros que holgadamente realizaba en la plaza con bastante precisión y sin dificultad…donde habían quedado todas las hs de práctica, los videos de pesca, la información leída de tantos lugares distintos??… seria que no fui hecho para este tipo de pesca??... todos estos y muchos pensamientos más atormentaban mi mente jajajaja. El segundo y mejor día se iba y junto a él gran parte de mi ánimo.

El tercer día comenzaba y el clima volvía a desmejorar, pero charla motivacional de mi tío de por medio, mi ánimo había subido un poco. Llegamos al muelle y estaba Joe esperándonos, eso elevo aún más mi estado de humor; luego de varios minutos de viaje, me pongo en posición, y luego de dos intentos (a diferencia del día anterior las oportunidades no abundaron) un bonefish siguió la mosca y la tomo…pero se desprendió nuevamente. La esperanza volvía a estar como el primer día; y luego de un par de minutos más, Joe localiza a otros bonefish, puedo realizar un tiro bastante pescable y de los tres que iban se desprende uno y toma la mosca, en ese momento sentía mi corazón (y el del guía) latiendo como el de un colibrí, a la segunda corrida el pez encara para un lugar con bastante vegetación y sentía que se me iba a salir el cuore por la boca, pero pude arrimarlo al bote y Joe finalmente lo subió!!! Por fin, después de tanto sufrimiento, teníamos el pez arriba del bote…Gena dice “es grande!!” (para que se den una idea era la mitad del porte que tenían los que había sacado Gena jajajajaja) a lo que el guía contesta “después de tres días este bonefish es enorme!!”. Ese día pude capturar 2 más (el primero y tercero de manera similar, y el segundo en las manchas que forman los bonefish cuando se están alimentando, pensaba yo, por qué no me trajeron a una mancha el primer día para sacarme la presión que solo yo me había impuesto). Gena rescindió ese día mucho de su tiempo en el bote para que yo pesque, lo que agradezco profundamente; su actitud y compañía fueron imprescindibles para que continuara intentándolo, ese día sentí que los roles se había invertido…yo tenía 10 años y Gena era el mayor en el bote alentándome a la pesca que intentaba realizar.

El cuarto día, ya sin presiones y totalmente relajado, fue el peor en materia climática. Salimos hacia el otro lado de la isla con un diluvio, pero al llegar el clima era un poco mejor. Abandonamos el muelle y después de 20/30 minutos de viaje el bote se detiene y Joe nos avisa que debemos retornar y cambiar de bote… eso consumió bastante tiempo, pero de todas maneras sentíamos que todo lo que podíamos experimentar después de ese bendito bonefish del día anterior era ya un regalo. El día continuó con muy pocas chances, pero pudimos capturar uno más cada uno. La diferencia en el casteo era increíble, sin presiones autoimpuestas, sin la “necesidad” de capturar un bonefish, las cosas fluían como en las prácticas de la plaza…por desgracia, era el último día!!

En mi humilde experiencia personal, que se reduce a los 4 mejores y más duros días de pesca en mi corta vida de mosquero, nada de lo vivido/practicado en los meses previos al viaje (incluyendo las prácticas semanales de casteo en la plaza, y las extensas lecturas de material relativo a los comienzos de la pesca en el mar) pudieron ser implementadas en el momento oportuno y de la forma adecuada. Es la primera vez en mi vida que me he sentido de esta manera, ya que no me considero una persona resultadista, muy por el contrario valoro la experiencia en si más que los resultados, y creo que los mismos derivan de una buena ejecución y de un disfrute de lo que uno hace…pero la pesca en el mar me mostro una parte de mí que no conocía, no sé si tal vez por el hecho de pensar que no podía retornar en el corto o mediano plazo, me presioné demasiado y perdí de vista el objetivo principal que es disfrutar y aprender tanto de los éxitos como de los fracasos, de deleitarme con el viaje en sí, no con el destino…como si todo lo vivido no valiesen si no tengo un pez en el bote. Pero como me dice mi tío “la experiencia es intransferible, nada de lo que pueda contarte o indicarte va a ser asimilado por vos hasta tanto no lo experimentes” y es una cruel verdad; y ahora, casi mes y medio después de ese viaje, todavía emocionado y agradecido con lo que me tocó vivir, tengo dos sentimientos que se reproducen como una epidemia interna…el primero son las ganas incontenibles de volver a pescar en el mar, es un vicio que te castiga exigiendo y presionando tus limites pero a la vez te retribuye de una manera como pocas cosas en la vida me han retribuido; la segunda….la admiración por el autor de todo esto; si bien llevaba años leyendo y escuchando atentamente sus vivencias, recién al estar en esa situación pude comprender las habilidades que se requieren y lo que ha desarrollado holgadamente para la práctica de esta enfermedad incurable.